#detodosydenadie o la defensa de lo público
MujeresCervantes reclamamos, desde la igualdad, un Instituto Cervantes despolitizado e independiente. El pasado 8 de marzo las mujeres del Instituto Cervantes, en Madrid y a lo largo de sus sedes en el mundo, apoyamos la huelga y redactamos un manifiesto en el que se instaba a considerar nuestras reivindicaciones. Aquella jornada histórica trajo consigo un cambio cualitativo en España: la difusión de
una consolidada conciencia feminista en nuestra sociedad que ha motivado el surgimiento de movimientos como MujeresRTVE.
MujeresCervantes, movimiento transversal ajeno a partidos políticos y sindicatos, comparte con el grupo de comunicadoras la exigencia de que nuestras respectivas instituciones públicas sean representativas, igualitarias y transparentes. A nadie se le escapa que para ello es necesario, en primer lugar, la despolitización y la autonomía del Cervantes, como el camino más adecuado para lograr la profesionalización y la igualdad en una institución pública que queremos defender desde nuestra corresponsabilidad ciudadana.
El Cervantes es la mayor red de difusión internacional de nuestras lenguas y culturas en el mundo, y exporta la imagen de nuestra sociedad. Es necesario que este cometido se lleve a cabo desde una
autonomía que nos permita programar y diseñar la oferta académica y cultural como parte de un proyecto de Estado, que no de gobierno, que represente y refleje la riqueza de nuestra sociedad civil. Es necesario pensar en términos de legitimidad y credibilidad internacionales, y no de poder, evitando de una vez por todas la idea de una acción cultural y académica promocional y unidireccional.
Solo desde el aval de la legitimidad y la credibilidad que nos brindará la autonomía, podremos defender con éxito la idea de nuestro país como una democracia madura, fuerte y sin miedo al cuestionamiento,
que apuesta por unos centros en el exterior que sean lugares de convivencia y pluralismo y no espacios de verdades únicas o puesta en escena de cualquier relato oficial. Así podremos construir, desde la
acción cultural y académica, relaciones de confianza con otros países y desempeñar con rigor las tareas encomendadas al Instituto Cervantes en nuestra ley fundacional.
Para todo ello es imprescindible la profesionalización de los equipos directivos, y esto significa sacudirse la política de nombramientos a dedo y la composición patriarcal de los cuadros directivos. Entre los
instrumentos que más pueden ayudar a revertir esta enraizada situación está el de la instauración de un sistema meritocrático real, que abra un lógico camino a los puestos de primer nivel por promoción
interna de profesionales con amplia experiencia y que quiebre la línea que separa los cargos de confianza política (que no deberían tener cabida en el Cervantes) de los profesionales. Esa es la línea que diferencia el servicio al Estado del servicio al partido de turno. La clase política debe entender que su deber no es nombrar sino velar porque las personas que se ocupan de los servicios públicos sean seleccionadas en base a criterios de igualdad, mérito y capacidad , como reza el Estatuto de la Función Pública.
Por lo que respecta a la composición patriarcal de los equipos directivos hay que desterrar, en primer lugar, la idea preconcebida y estereotipada de que la cultura y la educación son ámbitos inmunes a los
problemas de desigualdad de género que afectan a otros sectores profesionales, tal y como lo demuestran los informes de la Unesco o de nuestros propios ministerios. Si nos centramos en el Instituto Cervantes, en nuestros más de 27 años de andadura, solo ha habido una mujer entre sus directores generales, su actual Consejo de Administración cuenta con una sola (9%), y de los 59 máximos responsables en el exterior, tan solo diecisiete mujeres son directoras (28%). Estos números no dejan de ser un reflejo de la situación nacional, a pesar de que en 2007 se aprobara la Ley de igualdad (Ley
orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres) cuyo incumplimiento ha sido sistemático. La injustificada presencia de mujeres en puestos de responsabilidad en el Instituto
Cervantes proyecta una imagen de nuestra cultura sesgada en talento y aminorada en su diversidad.
Queremos una sociedad consciente, libre, igualitaria, equitativa y responsable. Y esto solo será posible en el marco de una colectividad que sitúe el intercambio de reflexiones en el centro de su vida pública.
Este marco debe alimentar la dimensión crítica del conocimiento, el más eficaz ahuyentador de la parcialidad y la intolerancia y a cuyo servicio debe estar la Administración. Pero para alcanzar este
objetivo es preciso un trabajo constante, serio, riguroso, sin vacilaciones ni ausencias, que debe generar las condiciones necesarias para una participación efectiva de la ciudadanía en la gestión pública. Sin
cultura y educación no es posible el conocimiento. Sin información no es posible participar. Y sin participación la cultura carece de sentido y la política de legitimidad.
MujeresCervantes